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Tan popular como desconocido, tan necesario como escaso.
Su figura, siempre presente en concentraciones de personas sordas,
reuniones, conferencias, o bien en el ámbito particular
en entrevistas laborales o personales, consultas... sigue estando
asociada, para un importante sector social, a la benéfica
colaboración de algún familiar, amigo, voluntario
o personas que por su vocación ejercen tan noble y humanitaria
labor, de puente de comunicación entre personas que utilizan
distintos modos de comunicación. Es también desconocido
por los propios beneficiarios de sus servicios sean éstos
sordos u oyentes como usuarios o consumidores.
El Intérprete de Lengua de Signos es un profesional que
resuelve lo que las ayudas técnicas más sofisticadas
no pueden solucionar, hoy por hoy, algo tan elemental como la
comunicación directa entre una persona sorda, sordociega
o signante con otra persona normoyente o no signante, y satisfacer
de este modo una de las características fundamentales de
la especie humana, "la relación con sus semejantes".
Estos profesionales de la comunicación, que no precisamente
tienen que ser familiares o hijos de sordos, tienen que demostrar
ante la comunidad sorda sus conocimientos y competencia comunicativa
en Lengua de Signos para ejercer su profesión, estando
sometido a un código ético, guardando secreto de
los hechos que conozcan en su trabajo y limitándose a interpretar
y traducir, sin ejercer ningún tipo de influencia en las
manifestaciones de las personas a las que interpreta y ser absolutamente
veraz en su transmisión.
Situación
en España.
No existen criterios unificados, en el ámbito nacional,
sobre la prestación de servicios de interpretación
de L.S. dado que cada Comunidad Autónoma aplica sus propios
criterios. Sin embargo, todas las Comunidades tienen reconocido
en sus normativas de Eliminación de Barreras, las de Eliminación
de Barreras de Comunicación, reconociendo el derecho de
las personas sordas y sordociegas al servicio de los intérpretes
de L.S., siendo muy dispar la aplicación de unas Autonomías
a otras.
Se estima en aproximadamente 200 el número de Intérpretes
de Lengua de Signos en España, muy pocos para la demanda
existente de estos profesionales, y tendrían que multiplicarse
por 20 para atender las necesidades básicas, es decir,
Intérpretes especializados o conocedores de distintas disciplinas
como Derecho, Psicología, Salud... presentes de forma continua
en los Juzgados, Comisarías, Hospitales, oficinas de la
Administración Pública, Universidades, Centros de
Formación...
La Formación de estos profesionales está recogida
en el Real Decreto 20601, 1995, de 22 de diciembre de 1995, y
publicada en el BOE núm. 47, de 23 de Febrero de 1996,
en el que se establece el título de "Técnico
Superior en Interpretación de la Lengua de Signos"
y las correspondientes enseñanzas mínimas.
Esta titulación tiene carácter oficial y validez
en todo el territorio nacional, aunque actualmente la formación
y procedencia de la mayoría de los intérpretes tienen
su origen en las Asociaciones de Sordos a través de los
cursos de L.S. que ofrecen profesores de L.S., sordos y oyentes,
divididos en 3 niveles y 3 años de duración.
Organizaciones
de Intérpretes de L.S.
Al margen de alguna asociación de carácter autonómico,
existe una joven pero inquieta Asociación de Intérpretes
de L.S. denominada ILSE (Intérpretes de Lengua Signos Española),
fundada en 1990 y perteneciente al Forum Europeo de Intérpretes
de L.S. (EFSLI), creado en 1993. En estos momentos la ILSE centra
sus esfuerzos en tres frentes de actuación:
1º La formación de Intérpretes.
2º Las condiciones laborales.
3° La educación de consumidores.
Sus asociados pueden disponer de guías de servicios de
interpretación en Conferencias, Código Ético,
listas actualizadas de tarifas, manuales para intérpretes
autónomos donde se le indican las obligaciones fiscales,
trámites burocráticos para el ejercicio de la profesión,
entre otros. Actualmente trabajan en la edición y difusión
de un vídeo "Cómo utilizar un intérprete
de L.S.", entre otros importantes proyectos.
Conclusión.
Numerosos investigadores, fundamentalmente antropólogos
y psicólogos, han vuelto sus ojos a lo largo de todo el
siglo XX, a la forma de moverse, a las posturas, las actitudes
y los gestos de hombres y mujeres de todas las razas y las culturas,
llegando a la conclusión de que la comunicación
no vocal es la base de las relaciones humanas. Sin embargo, la
Lengua de Signos no fue, hasta hace apenas 40 años, objeto
de investigación ni de estudio científico, y ha
sido conocida en tono despectivo como la mímica, el lenguaje
gestual, la lengua de los sordomudos, la que apartaba a éstos
de la expresión oral, objeto de burla y crítica,
prohibida durante décadas.
Ante esta situación las personas sordas tenían dos
opciones:
" Protegerse en el seno de la humilde familia de sus iguales,
en el mundo del silencio y satisfacer en sus asociaciones sus
necesidades comunicativas por medio de esta lengua.
" Enfrentarse con estoica actitud al mundo oyente, siendo
consecuente de los efectos que sobre su salud psicológica
le acarreará el no poder percibir y expresarse en igualdad
de condiciones con sus semejantes.
Desde que la Lengua de Signos ha sido analizada, investigada y
estudiada desde dominios y disciplinas lingüísticas
como la sociolingüística y la psicolingüística
y estos trabajos dando sus frutos en forma de conclusiones, se
está reconociendo la L.S. como una lengua con su propia
estructura, gramática y reglas sintáctico-organizativas
propias.
Un gran cambio se ha producido en la atención a las personas
sordas; reconocimientos oficiales de la Lengua de Signos por Gobiernos,
exigencia por usuarios de servicios de interpretación por
colectivos cada vez mayores (no sólo de sordos adultos,
cada día son más numerosas las personas con sorderas
postlocutivas, o con perfecto dominio de la lengua oral que reclama
este servicio), sordociegos, familias, profesionales conscientes
de la importancia de su conocimiento y utilización.
El Intérprete de Lengua de Signos, cuyas manos son lengua,
su cara tilde, y su cuerpo prosodia a los ojos de las personas
sordas, ojos que se transforman en oídos atentos a la expresión
de un nuevo suceso, de un comentario, de un sentimiento, es el
profesional que los no oyentes reclaman para una mayor, real y
plena participación e integración social.
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